Campaña del 1% Diócesis de San Marcos de Arica "Acércate a tu parroquia o capilla y colabora"

MENSAJE DE NUESTRO PASTOR

 Interculturalidad (2019)

 Objetivo Específico: Partiendo desde el encuentro con el mundo andino, afrodescendiente y migrante, valorar lo que Dios regala a través de sus culturas, promover la adaptación y aceptación y proteger la dignidad de las personas. Leer Más

MUNDO CATÓLICO EN DESARROLLO

 

Obispado de san Marcos de Arica

                    Casilla 147

 

Arica, 21 de octubre de 2019

 

Tenemos vocación de entendimiento

 

Le escribo a los fieles y a todas las personas de buena voluntad que habitan en nuestra Iglesia de Arica

 

Con sorpresa, estupor y dolor hemos sido testigos de los acontecimientos que ha ocurrido en los últimos días en Santiago y otras ciudades del país, estos acontecimientos se han replicado en nuestra ciudad. Ante ellos no quedo indiferente y me hace reflexionar sobre la sociedad que hemos estado construyendo.

 

Son legítimas las aspiraciones que en estos días se han expresado: una vejez que asegure tener lo que es digno para vivirla, que nadie sufra por no contar con una salud oportuna, donde ser atendido no dependa de la capacidad económica, de igual modo continuar profundizando por una educación que ayude a crecer y madurar a cada uno de los niños y niñas de nuestra Región y Patria, como también que se tengan trabajos dignos, que posibiliten a todos gozar de la familia y experimentar del fruto de ese trabajo.

 

Siendo legítimas las aspiraciones, no queda otra posibilidad que condenar los hechos de violencia, con que algunos piensan que ellas se pueden materializar. Esto es más grave aun cuando existe la intención de vulnerar a grupos o personas, desconociendo sus valores o ignorando sus necesidades. Esto nos insta a fortalecer el respeto por los derechos fundamentales de cada persona, a profundizar el diálogo social y cívico; construir confianza se impone como una necesidad de fundamento de un país que se reconoce con vocación a la inclusión y participación de todos los que vivimos en estas tierras bendecidas por la bondad y misericordia de Dios.

 

Los tiempos actuales son complejos, vivimos lo globalizado de tendencias, culturas, modas como también lo que es más propio y pequeño, nuestras tradiciones y lo que cotidianamente nos aflige. El mundo cambió y no podemos restarnos de esos cambios, pero tenemos la obligación de hacer discernimiento para dejar de lado todo lo que no nos ayuda a construirnos como comunidad y como Patria.

 

Recuerdo nuestra vocación al entendimiento, que en otros episodios de nuestra historia tanto bien nos ha traído. Elevo la oración por aquellos que hasta este momento, son víctimas de la violencia e imploro que el don de la paz sea pronto una realidad entre nosotros.

  

Invito a rezar juntos por nuestras autoridades y todos aquellos que ejercen responsabilidades como constructores de la sociedad, para que dejándose inspirar por los anhelos más altos del servicio público, se decidan a buscar el bien común y preocuparse de aquellos que menos oportunidades tienen.

 

Hago un especial llamado a cada Hermano Sacerdote, Diácono, Religiosa y Pueblo Fiel, de nuestra Diócesis, estar atentos a descubrir las formas oportunas para la atención humana y espiritual, de quien más lo necesita, orar incesantemente y a compartir la rica enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia.

Comparto la cercanía, la fraternidad y mi oración.

 

  

 

                                                                           +Mons. Moisés Carlos Atisha Contreras

                                                                                  Obispo de san Marcos de Arica

   

 

 

 

 

Prot. CECh 244 /2019

 CUIDAR LA CONVIVENCIA: LA PAZ ES FRUTO DE LA JUSTICIA

 

  1. Los acontecimientos vividos este viernes 18 de octubre del presente año en Santiago son de la mayor gravedad y motivo de gran preocupación, tanto por sus causas como por su desarrollo y sus efectos. Entendemos que son parte de un proceso que venimos experimentado durante décadas y que tiene consecuencias profundamente humanas que no podemos ignorar. Aunque es compleja su adecuada comprensión y la búsqueda de verdaderas soluciones, es deber de todos realizar un esfuerzo mancomunado – especialmente autoridades y dirigentes sociales– para descubrir esas causas y recorrer los caminos de solución, los que no se darán sin la participación de la mayoría.

 

  1. Estos hechos dolorosos y traumáticos son una imperiosa llamada para continuar creando una cultura del encuentro y la comprensión, capaz de escuchar y empatizar con los sufrimientos y malestares cotidianos de la sociedad chilena en materias laborales, de salud, seguridad ciudadana, educación, vivienda, pensiones, situación de pobreza, y los desafíos humanitarios de la inmigración, entre otros.

La primera obligación de todos los que ejercemos algún tipo de liderazgo en el país es comprender el profundo malestar de personas y familias que se ven afectadas por injustas desigualdades, por decisiones arbitrarias que les afectan en su vida diaria y por prácticas cotidianas que consideran abusivas, porque lesionan especialmente a los grupos más vulnerables.

 

  1. Condenamos decididamente la violencia que se ha dado en la capital del país con agresiones a personas, destrucción de bienes, saqueo de locales comerciales y la privación a cientos de miles de compatriotas de un servicio de transporte que es la base del funcionamiento de la ciudad. Pero para que esta condena sea efectiva tenemos que hacernos cargo de entender las raíces de esa violencia y trabajar con urgencia para prevenirla, detenerla y generar formas pacíficas de hacerse cargo de los conflictos. Es necesario un nuevo esfuerzo en este sentido porque «tomar en serio la política en sus diversos niveles ―local, regional, nacional y mundial― es afirmar el deber de cada persona, de toda persona, de conocer cuál es el contenido y el valor de la opción que se le presenta y según la cual se busca realizar colectivamente el bien de la ciudad, de la nación, de la humanidad» (San Pablo VI, Carta ap. Octogesima adveniens, 14 mayo 1971, n.º 46).

 

  1. La función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un bienestar digno y fundado en la justicia y la paz. La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de caridad.Todos tenemos responsabilidad en generar una convivencia ciudadana y una amistad cívica que evite la violencia física y verbal, pero están más obligados a ella quienes han recibido la responsabilidad de conducir la sociedad. Es urgente la participación de todos, a través de canales legítimos para procesar participativamente las demandas sociales, la búsqueda de una vida digna y un bienestar integral, poniendo a las personas en el centro de la vida del país.

 

  1. Es hora de pasar de la preocupación a la acción y a la validación y creación de escenarios que nos permitan entender los cambios que ha experimentado la sociedad chilena, de manera que las instituciones puedan estar al servicio del bien común, desde las complejas y nuevas realidades que caracterizan a la sociedad de hoy. Es hora de mirar con verdad, a rostro descubierto, nuestras riquezas y éxitos, y nuestros conflictos y fracasos. Las autoridades, los partidos políticos, la sociedad civil y sus organizaciones, las universidades e intelectuales, la propia gente organizada tenemos que dialogar sobre el país que queremos, para embarcarnos en la construcción de una sociedad que todos sintamos como propia y que todos nos comprometamos a cuidar como nuestro más preciado bien común.

 

  1. Basado en la amistad cívica, Chile necesita un diálogo social centrado en las personas, en sus modos de convivir y habitar la casa de todos, y una amistad cívica fundada en el bien común, esto es, en instancias donde los actores políticos, sociales y económicos puedan prescindir de sus intereses particulares para trabajar por proyectos consensuados en que la mayoría nos reconozcamos. Cada compatriota tiene un aporte que hacer y las autoridades, desde sus diversos ámbitos de responsabilidad, deben saber escuchar la voz de su pueblo. En el corazón de este nuevo esfuerzo hay una enseñanza de Jesús que sintetiza este nuevo estilo que hoy se nos exige: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9,35).

 

  1. Pedimos a todas nuestras comunidades y a las personas de buena voluntad, orar por la paz social y la amistad cívica en nuestro país y que el buen Dios nos ayude a abrir nuestra inteligencia y nuestra voluntad en la búsqueda de nuevos caminos de entendimiento y comprensión mutua.

 

EL COMITÉ PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE

 

                 + Santiago Silva Retamales                                                        + René Rebolledo Salinas

                      Obispo Castrense de Chile                                                        Arzobispo de La Serena

                                 Presidente                                                                          Vicepresidente