VI Domingo de Pascua - Ciclo C
Jn.14, 23-29: «Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo»

Ciclo C Reflexión Miércoles de Ceniza (Mt 6, 1-6.16-18)

06 de marzo 2019

Hermanos

 

Hoy con el signo de la ceniza comenzamos el tiempo de cuaresma, y las palabras que escuchamos en el profeta Joel se vuelven urgentes: el Señor nos dice “vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos”, y no lo hace para remarcar una actitud derrotista o masoquista al mencionar los llantos y los lamentos. El primer deseo del Señor es que volvamos de todo corazón, ya que nos hemos dado cuenta que nuestra vida ha tomado caminos que nos han alejado de él.

 

Este volver no es una situación individual, todos, jóvenes, ancianos, pequeños y niños de pecho, también los recién casados, en definitiva, su pueblo está invitado a regresar a quien nunca se ha alejado de la promesa y le espera.

 

La vida de una persona y de un pueblo que sólo se ha buscado así misma, se puede ver llena y rodeada de muchas cosas, esto quizás lo hemos experimentado, podemos haber tenido la oportunidad de haber desarrollado un proyecto don habíamos colocado todo nuestro empeño, pero donde lo hicimos solos, donde lo único que importaba era que resultase lo que tenía como sueño. Cuando esto nos ha pasado, podemos darnos cuenta que muchos se quedaron heridos a nuestra causa, y aquello donde esperábamos encontrar la felicidad, al final fue causa de un vacío, de tristeza y soledad.

 

En esta situación, resuenan las palabras del apóstol Pablo a los Corintios un verdadero bálsamo: “Déjense reconciliar con Dios”. Todos los caminos que conducen al sin sentido, la soledad y el desánimo tienen un punto de retorno en esta invitación, dejar que Dios nos reconcilie. Esto es dejar que se teja nuevamente la trama de nuestro vínculo con él y la comunidad, donde podamos levantar nuestra mirada hacia los otros y juntos caminemos, juntos construyamos fraternidad, juntos nos preocupemos del débil y del que no cuenta.

 

En el evangelio de Mateo de hoy, Jesús mismo nos regala la orientación para que esto sea posible, tres acciones que nos sacan de nuestro individualismo narcisista y nos facilitan la comunión fraterna: limosna, oración y ayuno.

 

Cada una de estas actitudes, al decidir vivirlas, nos configuraran como una criatura nueva. La limosna nos permite descubrir el valor de los bienes. Mis afanes y preocupaciones son para tener más, en el camino de la vida me dejo llevar por la vanidad de las cosas. Limosna dada con humildad, nos libera de los afanes consumistas, es gesto de solidaridad con los que no tienen y me abren la posibilidad de recibir de Dios aquello que el mundo nunca me podrá dar.

 

La oración, que no es solo la repetición de textos aprendidos de memoria, es la oportunidad en este tiempo de cuaresma de escuchar a Dios y de hacernos escuchar por él. La oración es el diálogo entre nuestra fragilidad y la fortaleza de Dios, que repite constantemente “vuelvan a mí de todo corazón”. Oramos para reconocer la ruta que nos lleva a él, oramos dejarnos conducir por caminos de vida.

 

El ayuno rompe con los criterios del mundo, que no se cansa de invitarnos al consumismo, que va dejando como resultado que muchos no tengan las oportunidades que les priva quien solo se mira a sí mismo. Por lo mismo, ayunar nos coloca en contradicción con los falsos modelos de dicha y felicidad. ¿Cómo pensar un ayuno diferente en esta cuaresma? Quizás este sea el momento: ayunar de palabras hirientes y prejuicios, ayunar de nuestras caras amargas y egoísmos, ayunar de las quejas y los pesimismos, para convertirlos en gesto de servicio y solidaridad con los que han ido quedando heridos por el camino.

 

En un momento marcaremos nuestras cabezas con ceniza, es un signo humilde y sencillo que la liturgia nos ofrece. Esta ceniza puesta en nuestra cabeza nos indica lo que pasará al final de nuestra existencia, lo que acontecerá con nuestros afanes y cansancios. Todo quedará reducido a ceniza. Honores, dignidades, posesiones nada de ello nos acompañará cuando nos presentemos ante Dios. A Dios llegaremos sólo con las manos llenas de las obras de amor y solidaridad que podamos haber realizado. Esas son las ofrendas que podremos levar con nosotros.

 

Esta cuaresma, es una nueva oportunidad para vivir este “vuelvan a mí de todo corazón”, teniendo como horizonte el corazón lloroso del que nos espera en la cruz y los brazos abiertos de la Madre para recibirlo antes del día de la Pascua.

 

Imploremos de Dios vivir en esta cuaresma una verdadera conversión y un regreso a él con sinceridad.

 

Que el Señor les cuide y bendiga.

 

+ Moisés C. Atisha Contreras

Obispo de San Marcos de Arica