Ciclo C Reflexión 1º Dgo. de Cuaresma (Lc 4, 1-13)

10 de marzo 2019

Hermanos

 

Con la celebración de este domingo, comenzamos a vivir el camino de la cuaresma, como un tiempo de preparación para la pascua del Señor. Luego de ser bautizado en el Jordán, Jesús comenzará un largo proceso de tomar consciencia de su misión y de la tarea que entre manos lleva. La experiencia bautismal le llenará del Espíritu Santo y se dejará conducir por él hacia el desierto. Desierto que no es sólo un lugar vacío, sino es condición de prueba, es lugar de travesías hacia grandes proyectos y es también donde Israel y nosotros podemos encontrarnos con Dios.

 

Como un símil de los cuarenta años de purificación y travesía de Israel, Jesús estará cuarenta días en el desierto, dando la batalla de su vida, en la desprotección humana más radical y en la confianza más absoluta en la voluntad de Dios, Jesús se enfrenta con el demonio, y dará cuenta qué es lo que le mueve y por lo que está dispuesto a dar su vida.

 

Tener (pan), poder y fama son tentaciones tan viejas como actuales, y a ellas se enfrenta Jesús. Cuan fácil habría sido convocar y lograr que todos le creyesen si él hubiese convertido las piedras en pan, si hubiese tenido poder político o social y con un acto extraordinario cruzara los cielos, como se lo ofrecía el diablo, que no tenía otra intención que apartarlo de su tarea, distrayéndolo y llevándolo hacia el abandono de su Padre.

 

Responde Jesús desde la confianza radical en Dios su Padre, lo hace con la Palabra, y es aquí donde también nosotros tenemos la oportunidad de enfrentar esas tentaciones, que en apariencias se ven como buenas, llevándonos hoy también a solucionar tantas situación complejas.

 

Ante la falta de pan, el hombre no sólo vive de pan contestará Jesús. Nos desvivimos por llenarnos de cosas, muchas de ellas que no necesitamos, para encontrar sentido y experimentar que nuestra vida vale la pena. Esto en contraste con tantos que no tienen lo que cada día necesitan para vivir. El poder y esplendor del mundo de los poderosos, de aquellos que piensan que pueden hacer lo que quieren, nos permiten comprender que, en el fondo viven con miedo de perder lo que tienen, se les ve refugiarse en grandes palacios y comodidades que no son más que cárceles, que les ha quitado la libertad, su esplendor y poder los ha convertido en dioses encerrados en sí mismos. La fama, esa búsqueda frenética que hablen de ellos y sus cosas, contrasta con la invitación de Jesús a confiar en Dios, y en ser sólo obediente a él.

 

Una vida bien vivida en conformidad a lo que Dios nos propone, es el mejor detente frente a las ilusorias invitaciones del diablo, por lo mismo, en el desierto de la ciudad o en el que podemos buscar en torno nuestro, que esta cuaresma sea tiempo para luchar de la mano del Señor Jesús y así, vencer la tentación. No hay “Tener (pan), poder y fama” que aun discípulo lo pueda sacar del camino si vamos con Jesús.

 

Que el Señor les cuide y bendiga.

 

+ Moisés C. Atisha Contreras

Obispo de San Marcos de Arica

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