Amoris Laetitia: acoger y vivir la espiritualidad conyugal para convertirse en familias misioneras

La tercera jornada del Foro "¿En qué punto estamos con Amoris Laetitia? Estrategias para la aplicación pastoral de la Exhortación del Papa Francisco" se abrió con una reflexión sobre la espiritualidad conyugal. En su intervención, el ponente, Don Renzo Bonetti, actual asistente espiritual del Proyecto Mistero Grande, y antiguo Director de la Oficina Nacional de Pastoral Familiar de la Conferencia episcopal Italiana, aclaró en primer lugar la distinción entre espiritualidad conyugal y espiritualidad familiar: la primera es un camino de fe centrado en los esposos como pareja, mientras que la segunda es más amplia e incluye a otros miembros de la familia, como por ejemplo los hijos.

Vivir el matrimonio según el Espíritu Santo conforma a los cónyuges con Cristo y les permite amarse como Cristo ama. Su nueva vida, habitada por esta presencia de Cristo, se convierte así en un sacramento permanente de Cristo, un signo visible del amor de Dios por la humanidad, una "escultura viva" del amor fecundo de la propia Trinidad. Con su respuesta a la llamada vocacional a vivir la gracia del Bautismo de manera aún más específica dentro de su relación conyugal, los esposos colaboran con el Señor, que, a través de ellos, "ha elegido con qué rostro presentarse y hacernos percibir su comunión de Amor".

 

La espiritualidad conyugal, que es una "decisión real y efectiva de convertir dos caminos en uno" (AL 132) se construye "día a día" con gestos cotidianos en los que se puede experimentar la presencia mística del Señor resucitado, una presencia que hay que cultivar mediante la escucha de la Palabra de Dios, el ejercicio de la reconciliación, la frecuentación de la Eucaristía y la oración asidua. Es a lo largo de este camino, jalonado de los pequeños y grandes gestos de la vida cotidiana, que el Señor espera a los esposos para llevarlos a las alturas de la unión mística (AL 316).

Inmediatamente después de él, dos experiencias pastorales ayudaron a comprender cómo traducir concretamente un camino de acompañamiento espiritual de los matrimonios en las parroquias y realidades eclesiales. Carlos E. Empke Vianna y Andréa C. Gonçales Vianna de Brasil compartieron su experiencia con Encontro de Casais com Cristo (ECC). El ECC es un servicio que nació en 1970 en Brasil para evangelizar a las familias e implicarlas más como sujetos activos en la pastoral de la Iglesia. A través de un proceso gradual, las parejas se forman en la espiritualidad conyugal, en el estudio del Magisterio y se introducen lentamente en el compromiso pastoral en sus comunidades parroquiales y en la sociedad.

Daniel y Shelley EE, una pareja de Singapur y miembros de la Worldwide Marriage Encounter, un movimiento nacido en España y hoy presente en más de 100 países del mundo, con la misión de ayudar a las parejas y a los ministros ordenados para trabajar juntos en la única misión de la Iglesia, compartieron la manera en que han vivido la espiritualidad conyugal en el seno de la familia, trabajando el diálogo, la intimidad sexual y la oración para superar las inevitables dificultades de la relación y enriquecer su camino común. Fortalecidos en su unión, han servido en varios departamentos de la pastoral familiar, ayudando a otras parejas en Asia, África, Europa, América Latina y Estados Unidos.

Tras un breve diálogo con los participantes, se pasó al segundo gran tema del día, es decir, la misionariedad familiar. Marie Gabrielle y Emanuel Ménager (Francia), consultores del Dicasterio, explicaron que la misión es la consecuencia natural de una espiritualidad conyugal bien entendida. En efecto, el don del matrimonio, como todos los dones del Espíritu Santo, está ordenado no sólo a la santificación y a la salvación de los propios esposos, sino también al bien de todos y, por lo tanto, a la misión: con la pequeña familia doméstica se construye la Iglesia, pero también la gran familia humana de los hijos de Dios. En este sentido, la pareja es un regalo precioso en términos de evangelización. El Señor llama a los esposos a colaborar con Él, haciendo presente su amor en la sociedad, no sólo acogiendo la vida, sino también irradiando felicidad a su alrededor: de hecho, con su unión, están llamados a "actualizar hoy, en todos los ambientes de la vida, la relación de amor con la humanidad y de Cristo con la Iglesia", convirtiéndose en "signo de paternidad y maternidad con todo hijo de Dios" (AL 324), misioneros encargados de introducir la fraternidad en el mundo (AL 194).

A continuación, fieles al enfoque vivencial del Foro, Alicia y Fernando Martínez Acosta (Colombia), del Proyecto Familias Misioneras, se centraron en el concepto de familia misionera: en el matrimonio, el hombre y la mujer están llamados no sólo a acogerse mutuamente, entregándose el uno al otro, sino también a llevar al mundo la buena noticia de la salvación y el amor de Dios. Mirando a la familia de Nazaret, reafirmaron la realidad de la familia como Iglesia doméstica y la Iglesia como familia de familias. Por último, el matrimonio Benoît y Véronique Rabourdin (Francia) compartió la importancia y los frutos de una misión llevada a cabo juntos, como pareja, una propuesta del movimiento apostólico "Amour et Vérité", que también destaca la complementariedad misionera entre los cónyuges y los ministros ordenados en una lógica de comunión entre estados de vida.  

En el debate de hoy siguió surgiendo la necesidad de compartir las buenas prácticas que ya están dando sus frutos a nivel local: ¿cómo acompañar a las parejas jóvenes en crisis? ¿Cuál puede ser la misión de los viudos y padres solteros?  ¿Cómo poner en marcha proyectos pastorales en diócesis y parroquias donde no parece haber un interés especial por las familias? Pero, en primer lugar, los testimonios personales de las parejas fueron muy apreciados. Testimonios sencillos anclados en la vida cotidiana.

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