Con procesiones, cantos, oración y Eucaristía, las comunidades de la Diócesis de San Marcos de Arica se reunieron el 14 y 15 de agosto para celebrar la solemnidad de la Asunción de la Virgen María. Las celebraciones, presididas por Monseñor Moisés Atisha, pusieron en el centro a María como mujer de fe, servidora y compañera de camino. La jornada del 15 de agosto estuvo también marcada por la celebración de la Vida Consagrada, agradeciendo a Dios por el testimonio y servicio de religiosos y religiosas presentes en la diócesis.
La comunidad de la Diócesis de San Marcos de Arica vivió con alegría y profunda devoción la solemnidad de la Asunción de la Virgen María, en dos significativos encuentros de fe realizados los días 14 y 15 de agosto: el primero, en el santuario de Chamarcusiña, lugar de especial devoción a la Virgen de Las Peñas; y el segundo, en el Santuario de Schoenstatt, hasta donde llegaron numerosos fieles después de peregrinar juntos.
En ambos encuentros, la oración, el canto, la fraternidad y la Eucaristía marcaron una jornada en la que los fieles quisieron honrar a María y poner sus vidas, familias y esperanzas bajo su maternal protección. Las celebraciones fueron presididas por Monseñor Moisés Atisha, Obispo de la Diócesis de San Marcos de Arica.
En Chamarcusiña: una comunidad que camina con María
En Chamarcusiña se congregaron numerosos devotos de la Virgen de Las Peñas, quienes participaron con cantos, instrumentos y una procesión que permitió expresar públicamente la fe, el agradecimiento y la confianza en la intercesión de María.
La jornada tuvo también un significado especial para la comunidad, ya que durante la celebración se realizó la bendición de la nueva sacristía del lugar, un espacio que estará al servicio de la vida litúrgica y pastoral de este lugar de encuentro y devoción mariana. Este momento fue recibido con especial alegría por los presentes, como un signo concreto del crecimiento y del compromiso de la comunidad con este espacio de fe.
Durante su homilía, Mons. Moisés Atisha invitó a los presentes a mirar a María no solo desde la devoción, sino también desde su capacidad de escuchar la Palabra de Dios, acogerla con confianza y hacerla vida.
A partir del Evangelio, el Obispo recordó que María fue la primera en acoger con plena confianza la voluntad de Dios y pronunciar su «sí» generoso: «He aquí la servidora del Señor, hágase en mí, según has dicho». En este sentido, destacó que la verdadera dicha de María no se encuentra únicamente en haber sido elegida como la Madre de Jesús, sino también en haber escuchado la Palabra y haberla puesto en práctica.
Desde este pequeño lugar, expresión de la profunda devoción que la comunidad de Arica mantiene por la Virgen de Las Peñas, Mons. Moisés Atisha llamó a los fieles a escuchar atentamente a Jesús, discernir su voluntad y ponerla en práctica juntos, haciendo de la propia vida un testimonio concreto del Evangelio.
Al finalizar la Eucaristía, quienes participaron de la celebración realizaron una pequeña peregrinación por el entorno de este lugar, prolongando el espíritu de oración y devoción vivido durante la jornada. Caminando juntos, los fieles pusieron nuevamente sus intenciones y esperanzas bajo la protección de la Virgen de Las Peñas, expresando con este gesto su deseo de seguir avanzando como comunidad de fe.

















Peregrinar con María y agradecer el don de la Vida Consagrada
La celebración del 15 de agosto tuvo como escenario el Santuario de Schoenstatt, hasta donde llegaron los peregrinos después de caminar juntos en un ambiente de oración, fraternidad y encuentro. La Eucaristía contó con la presencia de autoridades de la región, sacerdotes, religiosas, representantes de distintas agrupaciones y numerosos fieles que quisieron celebrar a María en esta solemnidad.
La celebración tuvo además un significado especial, ya que la Iglesia conmemora en esta fecha el Día de la Vida Consagrada, dando gracias a Dios por el don de tantos hombres y mujeres que han entregado su vida al seguimiento de Cristo y al servicio de la Iglesia.
Por este motivo, fueron invitados de manera especial los religiosos y religiosas presentes en la Diócesis de San Marcos de Arica, quienes participaron de la celebración como expresión de comunión y fraternidad diocesana. Durante la Eucaristía se elevó una oración de acción de gracias por sus vidas, su vocación, su servicio y el testimonio de consagración que ofrecen diariamente en medio de la comunidad, así como por la labor pastoral que realizan en nuestra diócesis.
Como signo de gratitud y reconocimiento, al finalizar la celebración se entregó a cada religioso y religiosa un pequeño presente, gesto sencillo con el que la comunidad diocesana quiso expresar su cercanía, cariño y agradecimiento por su presencia y entrega generosa al servicio del pueblo de Dios.
En esta ocasión, Mons. Moisés Atisha recordó que la celebración adquiere un significado especial para la Iglesia de Arica, que durante este año conmemora los 40 años de la creación de la Diócesis de San Marcos de Arica, y para toda la Iglesia en Chile, que celebra el centenario de la coronación de la Virgen del Carmen como Reina y Madre Protectora de Chile.
En su reflexión, el Obispo presentó a María como signo y presencia del amor de Dios en medio de su pueblo. Una presencia que se hace actual cada vez que despierta en nosotros la confianza en Dios, nos mueve a acercarnos a quienes necesitan una mano amiga y nos ayuda a discernir los acontecimientos de la vida con un corazón guiado por el Evangelio.
La invitación, al igual que en Chamarcusiña, fue a no quedarse solamente en la contemplación de María. El ejemplo de la Virgen impulsa a ponerse en camino y salir al encuentro de los demás. Así lo hizo María después de recibir el anuncio del ángel: no permaneció centrada en sí misma, sino que se puso en camino para servir a su prima Isabel.
Una Iglesia que, con María, escucha, discierne y sirve
Uno de los aspectos que marcó ambas celebraciones fue la profunda unidad del mensaje entregado por Mons. Moisés Atisha: María no es solamente una figura que veneramos, sino también un modelo de cómo vivir la fe en lo cotidiano.
Tanto en Chamarcusiña como en Schoenstatt, el Obispo invitó a los fieles a contemplar a María como una mujer que escucha a Dios, confía en Él, discierne su voluntad, se pone en camino y sirve.
De este modo, la celebración de la Asunción se transforma en una invitación concreta para cada cristiano: escuchar la Palabra, descubrir qué espera Dios de nosotros y llevar esa respuesta a la vida, especialmente en el encuentro con quienes necesitan acompañamiento, cercanía y esperanza.
Contemplar a María glorificada junto a Dios implica también asumir un compromiso. Su ejemplo nos recuerda que estamos llamados a ser signos y presencia del amor de Dios en medio de la sociedad, especialmente entre quienes muchas veces quedan al margen, los más pequeños y aquellos que necesitan experimentar la bondad y la misericordia del Señor.
Asimismo, celebrar junto a nuestros religiosos y religiosas nos recuerda que la Iglesia diocesana es una comunidad llamada a reconocer, agradecer y acompañar las distintas vocaciones que Dios suscita en medio de su pueblo. La Vida Consagrada, con su oración, entrega y servicio, constituye un testimonio concreto de que es posible vivir el Evangelio con radicalidad y poner la propia existencia al servicio de Dios y de los hermanos.
Así, las celebraciones de la Asunción de la Virgen María dejaron en la comunidad diocesana un mensaje que va más allá de la fiesta mariana: caminar con María para aprender de ella a escuchar a Jesús, servir con generosidad y anunciar con nuestra propia vida la Buena Noticia del Evangelio.
En el marco de los 40 años de la Diócesis de San Marcos de Arica y del centenario de la coronación de la Virgen del Carmen en Chile, la comunidad diocesana continúa su camino de fe confiando en la intercesión de María, agradeciendo el don de la Vida Consagrada y renovando el compromiso de ser una Iglesia cercana, servidora, misionera y capaz de caminar junto a todos.



















