Una Iglesia que acoge y camina junto a los migrantes

En el marco del Día del Migrante y Refugiado, la comunidad eclesial se reunió para celebrar la fe y renovar su compromiso de acoger, acompañar y reconocer la dignidad de cada persona que llega a nuestra tierra.

“Incluso uno solo de estos pequeños” (Mt 18,5). Con esta invitación del Evangelio, la Iglesia está llamada a mirar la realidad de la migración más allá de las fronteras, las cifras y las estadísticas, para encontrarse con lo esencial: los rostros, las historias, las culturas y los sueños de quienes han dejado su tierra en búsqueda de nuevas oportunidades y de un futuro mejor.

En este espíritu, la comunidad de la Diócesis de San Marcos de Arica se reunió el pasado domingo 6 de septiembre en la Capilla Peregrino de Emaús para celebrar con alegría y esperanza la Eucaristía con motivo del Día del Migrante y Refugiado.

La Santa Misa fue presidida por Monseñor Moisés Atisha y concelebrada por el Padre Lirio Berwanger y el Padre Maksimus Sarjón, quienes acompañan pastoralmente a las personas migrantes en esta Iglesia del norte. A la celebración se congregaron familias, comunidades y personas migrantes, quienes hoy son parte de nuestra realidad y enriquecen la vida eclesial con sus historias, culturas y experiencias de fe.

La celebración fue también una oportunidad para recordar que detrás de cada persona que migra hay una historia marcada por decisiones, desafíos, sacrificios y, sobre todo, esperanza. Al cruzar una frontera, nadie deja atrás su dignidad. Cada migrante lleva consigo el amor por su familia, sus raíces, su cultura y el deseo profundo de construir una vida con nuevas oportunidades.

En este sentido, el Papa León XIV “nos invita a poner en el centro a la persona y a reconocer que la dignidad humana no disminuye ni pierde su valor al atravesar una frontera. Acoger al migrante significa hacernos prójimos: abrir las puertas, escuchar con respeto, acompañar sus procesos y reconocer en cada persona a un hermano y una hermana”.

Como Iglesia, este llamado nos desafía a ser una comunidad cada vez más cercana, acogedora y solidaria; una Iglesia capaz de derribar las barreras de la indiferencia y de construir espacios donde nadie se sienta extraño, sino parte de una misma familia.

El Día del Migrante y Refugiado se convierte así en una oportunidad para renovar nuestra mirada y nuestro compromiso. Porque cada historia importa, cada vida tiene un valor único y cada persona merece ser recibida con dignidad, respeto y fraternidad.

Fuente: Comunicaciones Arica
Arica, 07-09-2026