Con alegría, profunda fe y un renovado espíritu de esperanza, la comunidad de la Parroquia San Pablo celebró, el viernes 4 y sábado 5 de septiembre, la Fiesta del Señor de Arica, reuniendo a familias, comunidades y numerosos fieles en torno a Jesús crucificado, fuente de vida y salvación.
Fueron dos jornadas marcadas por la oración, los cantos, los bailes, la fraternidad y la devoción de un pueblo que, una vez más, se acercó al Señor para agradecer, pedir y poner en sus manos la vida de sus familias y comunidades. En cada gesto se hizo visible la fe y el cariño de quienes encuentran en el Señor de Arica una presencia cercana que acompaña sus alegrías, preocupaciones, luchas y esperanzas.
El momento central de la celebración fue la Santa Misa, presidida por Monseñor Moisés Atisha Contreras, quien invitó a los fieles a contemplar el misterio de la cruz y a descubrir en ella no un signo de derrota, sino el camino por el cual Dios manifiesta su amor y regala vida abundante.
En su homilía, el obispo recordó la experiencia de Jesús en la cruz y aquellas palabras del Salmo que expresan con toda su fuerza el dolor y el aparente abandono: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Desde esta realidad, señaló que la cruz también puede reflejar tantas experiencias humanas en las que el sufrimiento, la incertidumbre o el sinsentido parecen tener la última palabra.
Sin embargo, como recordó Mons. Moisés, el abandono y el dolor no tienen la última palabra sobre Jesús, ni tampoco sobre nosotros. La última palabra es la vida: la vida abundante que Dios ofrece en su Hijo.
Esta reflexión resonó de manera especial en una celebración dedicada al Señor de Arica. Frente a Jesús crucificado, la comunidad pudo reconocer también sus propias cruces: las preocupaciones de las familias, las dificultades personales, las pérdidas, los momentos de incertidumbre y tantos desafíos de la vida cotidiana. Pero, al mismo tiempo, renovó la certeza de que ninguna de estas realidades se vive en soledad.
Así, la Fiesta del Señor de Arica se convirtió también en una oportunidad para renovar el compromiso de ser una comunidad que camina unida, acompaña a quien sufre, celebra con quien tiene motivos para agradecer y mantiene viva la esperanza incluso en medio de las dificultades.
La devoción al Señor de Arica no se queda solamente en una expresión externa de fe. Está llamada a transformar la vida y a llevarnos a vivir el Evangelio en lo cotidiano, en nuestras familias, comunidades, barrios y en cada lugar donde desarrollamos nuestra vida.
Al finalizar su homilía, Mons. Moisés Atisha animó a la comunidad a renovar la fe y la esperanza, invitándola a «caminar tomados de la mano del Señor» y a cargar junto a Él la cruz de cada día. Asimismo, llamó a construir la vida según los criterios de Jesús y a reconocer el inmenso amor misericordioso de Dios, que nos llama a ser sus amigos, colaboradores, testigos y discípulos.
Entre cantos, oración, bailes y encuentros fraternos, la comunidad de la Parroquia San Pablo volvió a poner su vida bajo la mirada del Señor de Arica. Fueron dos días en que la fe se hizo encuentro, celebración y esperanza; una expresión viva de un pueblo que confía en Dios y que, aun en medio de las dificultades, quiere seguir caminando junto a Jesús.
Fuente: Comunicaciones Arica
Arica, 07-09-2026





















