En la Catedral San Marcos de Arica, la comunidad diocesana vivió una emotiva celebración marcada por la unidad, la bendición de los óleos y el llamado a fortalecer la misión pastoral en el marco de los 40 años de la Diócesis de San Marcos de Arica.
Con profunda participación y un marcado espíritu de recogimiento, este miércoles 1 de abril la comunidad diocesana se congregó en la Catedral San Marcos de Arica para celebrar la Misa Crismal, una de las celebraciones más significativas de la vida de la Iglesia.
La Eucaristía fue presidida por Monseñor Moisés Atisha, junto a sacerdotes y diáconos provenientes de las distintas comunidades de la diócesis. En este contexto, los presbíteros renovaron sus promesas sacerdotales, reafirmando su compromiso de servicio, fidelidad y entrega al Pueblo de Dios, en un gesto que refleja la constante renovación de su vocación.
Durante la celebración se realizó también la bendición de los óleos de los catecúmenos y de los enfermos, así como la consagración del santo crisma, signos visibles de la gracia de Dios que acompañan la vida sacramental de los fieles a lo largo del año. Estos óleos, más que símbolos, representan la cercanía de Cristo que sana, fortalece y envía a su Iglesia en misión.
En su homilía, el obispo invitó a los presentes a contemplar el sentido profundo de la unción, recordando que, así como Cristo es el Ungido del Padre, también cada bautizado ha sido consagrado para una misión. En este marco, destacó que la Iglesia está llamada a anunciar la Buena Noticia, especialmente a los más necesitados, a vendar los corazones heridos y a ser signo de esperanza en medio de la realidad actual.
Un aspecto central de su mensaje fue la conmemoración de los 40 años de vida de la Diócesis de San Marcos de Arica. Monseñor Atisha subrayó que este tiempo tiene un profundo sentido bíblico: es un periodo de prueba, pero también de fidelidad y de promesa cumplida. En este camino, destacó la acción constante del Espíritu Santo en la vida de la diócesis, presente en sus pastores, comunidades, familias y agentes pastorales.
Asimismo, hizo un llamado a fortalecer la unidad eclesial y a proyectar el futuro con esperanza, especialmente en una diócesis marcada por su condición de frontera, donde convergen diversas realidades humanas y culturales. Invitó a ser una Iglesia “casa abierta”, cercana y misionera, capaz de salir al encuentro de los más vulnerables, acompañar a las familias, acoger a los migrantes y responder a los desafíos de la fe en el mundo actual.
Dirigiéndose especialmente a los sacerdotes, los animó a no perder la alegría del ministerio ni el ardor de la primera llamada, recordando que su vocación está al servicio del pueblo y no de sí mismos. Del mismo modo, exhortó a todos los fieles a reconocerse como discípulos misioneros, partícipes del sacerdocio de Cristo desde su bautismo, llamados a vivir y anunciar el Evangelio en su vida cotidiana.
La celebración concluyó con un significativo gesto de devoción mariana, en donde los presbíteros, reunidos ante la imagen de la Virgen, elevaron un canto como expresión de gratitud y confianza, poniendo en sus manos el caminar pastoral de la diócesis.
De esta manera, la Misa Crismal se vivió como un verdadero signo de comunión, renovación espiritual y envío misionero, fortaleciendo la identidad de la Iglesia que peregrina en Arica y renovando su compromiso de ser testimonio vivo del amor de Dios en medio del mundo.
Fuente: Comunicaciones Arica
Arica, 02-04-2026














