“Volver a la fuente”: El clero de Arica vive días de gracia en su retiro espiritual anual

Un tiempo de gracia y renovación interior que invitó a los sacerdotes a reencontrarse con el Señor, redescubrir su vocación y renovar su misión al servicio del pueblo de Dios.

Entre el 16 y el 20 de marzo, los sacerdotes de la Diócesis de San Marcos de Arica se reunieron en la ciudad de Iquique para vivir su retiro espiritual anual, en un tiempo marcado por el silencio, la oración y el reencuentro con el Señor que llama y consagra.

Acompañados por Mons. Alberto Lorenzelli Rossi, Obispo Auxiliar y Vicario General del Arzobispado de Santiago, y con la presencia cercana de Mons. Moisés Atisha Contreras, Obispo de la diócesis, los presbíteros se dispusieron a detener el ritmo cotidiano para volver a la fuente de su vocación: el encuentro personal con Jesucristo.

Experiencia que toca la vida sacerdotal
Más que una serie de reflexiones, el retiro se vivió como un verdadero camino interior. A través de una narrativa sencilla, profundamente bíblica y cercana a la experiencia concreta, Mons. Lorenzelli fue guiando a los sacerdotes a releer su propia historia vocacional: sus comienzos, sus alegrías, sus cansancios, sus fidelidades silenciosas.

Las meditaciones no quedaron en ideas, sino que tocaron la vida. Invitaron a reconocer que el ministerio no se sostiene solo en la acción, sino en una relación viva con el Señor. En este sentido, el silencio, la escucha y el diálogo con Dios se transformaron en espacios reales de encuentro y renovación.

La fragilidad como lugar de gracia
Uno de los aspectos más significativos fue la invitación a mirar la propia fragilidad sin temor. En un clima de confianza y profundidad espiritual, los sacerdotes pudieron reconocer aquellas “ruinas interiores” que a veces se experimentan en el camino: el cansancio, la rutina, la soledad o las preguntas no resueltas.

Lejos de ser un obstáculo, estas realidades fueron iluminadas como lugar donde Dios sigue actuando. Allí, donde el sacerdote se reconoce necesitado, aparece con fuerza la gracia que sostiene, levanta y vuelve a enviar.

Redescubrir la vocación: promesa, misión y fidelidad
A lo largo del retiro, fue emergiendo con claridad una convicción profunda: la vocación sacerdotal no es un punto de partida que queda atrás, sino una realidad que se renueva cada día.

Desde esta perspectiva, la llamada se comprende como promesa que Dios cumple, misión que se confía y fidelidad que se construye en lo cotidiano. El sacerdote, con su historia concreta, está llamado a continuar la obra de Cristo, siendo presencia de su amor en medio del pueblo.

La imagen de la obra inconclusa —que otros están llamados a continuar— resonó con fuerza en el corazón de los participantes, como signo de una Iglesia que camina en el tiempo, donde cada sacerdote aporta desde su vida al anuncio del Evangelio.

Discípulos de la esperanza
El retiro también fue una invitación a redescubrirse como discípulos de la esperanza. No una esperanza abstracta, sino aquella que se vive en lo concreto: en el servicio, en la cercanía con los más pobres, en la capacidad de seguir creyendo incluso en medio de las dificultades.

Se renovó así la conciencia de que el sacerdote está llamado a ser hombre de escucha, de comunión y de entrega, capaz de salir de sí mismo para ir al encuentro de los demás, llevando la fuerza del Evangelio allí donde más se necesita.

La Eucaristía, corazón del encuentro
Cada jornada estuvo marcada por la celebración de la Eucaristía, presidida por los mismos sacerdotes, en un clima de profunda fraternidad. En torno al altar, se hizo visible la comunión presbiteral y la identidad más honda del ministerio: ser hombres tomados por Cristo para el servicio de su pueblo.

Un tiempo de gracia que permanece
Al finalizar estos días, no solo queda el recuerdo de un retiro, sino la experiencia de haber sido nuevamente alcanzados por el Señor. En medio de la vida y misión, cada sacerdote vuelve a su comunidad con el corazón renovado, sabiendo que Dios sigue llamando, sosteniendo y enviando.

Porque, en definitiva, el retiro ha sido una invitación a volver a lo esencial: a vivir el sacerdocio no como una función, sino como una vida entregada, sostenida por la gracia y abierta siempre a la esperanza.

Fuente: Comunicaciones Arica
Arica, 27-03-2026