El sábado 26 de septiembre, en el frontis de la Parroquia San Miguel Arcángel de Azapa, la comunidad diocesana se reunió con alegría y espíritu de gratitud para poner término a las celebraciones con motivo de los 40 años de la Diócesis de San Marcos de Arica. Hasta este lugar llegaron fieles provenientes de las distintas comunidades, quienes, entre cantos, oración y signos de fraternidad, dieron gracias a Dios por el camino recorrido durante estas cuatro décadas y elevaron sus plegarias por el futuro de una Iglesia llamada a continuar anunciando el Evangelio en cada rincón de esta tierra del norte.
Mientras las distintas comunidades y fieles iban llegando hasta el lugar, los jóvenes de la Pastoral Juvenil de la Diócesis estuvieron a cargo de la animación previa a la celebración eucarística. A través de cantos y distintas dinámicas, generaron un ambiente de alegría, encuentro y fraternidad, invitando a los presentes a disponer el corazón para vivir este momento de acción de gracias y celebrar juntos este caminar diocesano.
Como parte de este inicio de la jornada, el alcalde de la comuna de Camarones, Sr. Cristian Zavala Soto, hizo entrega de un reconocimiento a la Diócesis de San Marcos de Arica con motivo de sus 40 años, destacando la presencia permanente de la Iglesia y, especialmente, el trabajo que ha desarrollado junto a las comunidades, acompañando sus necesidades y promoviendo el bien común. Este reconocimiento fue recibido como una expresión de gratitud y valoración por el camino compartido y por la colaboración que, a lo largo de los años, ha permitido fortalecer los vínculos entre la Iglesia y las comunidades del territorio.
Posteriormente, se dio inicio a la Eucaristía, presidida por Mons. Moisés Atisha Contreras, Obispo de la Diócesis de San Marcos de Arica. En su homilía, invitó a vivir este aniversario desde la humildad y el agradecimiento, recordando que todo lo realizado durante estas cuatro décadas ha sido, ante todo, obra de Dios.
“Todo lo que hemos hecho y caminado ha sido por obra y gracia de Dios”, señaló, llamando a la comunidad a no dejar que el orgullo o la vanidad opaquen la acción del Señor en la historia de la Diócesis.
En este sentido, Mons. Moisés Atisha recordó que la Iglesia de Arica tiene una historia que viene de mucho antes de su constitución como Diócesis y que, durante estas cuatro décadas, ha ido creciendo como una Iglesia “adulta”, llamada a renovar permanentemente su vocación misionera.
“Hay que siempre pedirle al Señor que en nuestro caminar como Iglesia podamos ser humildes de corazón, ser sensatos de mirar al Señor y agradecer”, expresó.
El Obispo también puso en valor a tantas personas que, a lo largo de los años, han entregado generosamente su tiempo para anunciar a Jesús en las calles, plazas, valles, parroquias y comunidades.
“No llegamos solos”, recordó, destacando que cada creyente ha llegado a la comunidad porque alguna persona le abrió las puertas, compartió su experiencia de fe y lo acompañó a descubrir qué significa ser discípulo de Jesús.
La homilía fue también una mirada agradecida al servicio que la Iglesia realiza cotidianamente. Mons. Moisés Atisha destacó la presencia de las comunidades junto a quienes más necesitan acompañamiento: personas enfermas, adultos mayores, personas privadas de libertad, migrantes y familias que atraviesan momentos difíciles. Recordó especialmente la respuesta entregada durante la pandemia, cuando las comunidades buscaron formas concretas de acercar tanto el alimento para el cuerpo como el alimento espiritual, incluso mediante los medios digitales.
Asimismo, hizo memoria de la labor misionera que se desarrolla en los valles, en las parroquias, colegios y espacios de catequesis, así como en la preparación a los sacramentos, reconociendo en cada una de estas acciones una manera concreta de continuar llevando el Evangelio a nuevas personas y generaciones.
“Si salimos a encontrarnos con el que está enfermo, cansado, con el que no sabe del Evangelio, con el que tiene hambre, lo hacemos porque el Señor nos conmueve”, expresó el Obispo, invitando a no quedarse en la comodidad, sino a salir al encuentro de los demás y compartir con ellos la experiencia de la fe.
Una Iglesia que peregrina desde sus distintas comunidades
Durante el momento del ofertorio, los distintos decanatos de la Diócesis se hicieron presentes llevando al altar signos representativos de sus respectivos sectores. Estos elementos expresaron la diversidad de realidades que forman parte de esta Iglesia que peregrina en Arica, sus valles, el altiplano y la ciudad, y que, desde sus distintas comunidades, continúa construyendo una historia común de fe.
Este momento permitió también reconocer la riqueza de una Diócesis marcada por distintas culturas, territorios y comunidades, pero unida por una misma fe y por el deseo de continuar anunciando a Jesucristo en cada lugar.
Al finalizar la celebración, Mons. Moisés Atisha bendijo la placa conmemorativa instalada en la Cruz del Calvario, donada por el matrimonio formado por el Sr. Víctor A. y Sra. Gabriela G., como homenaje a los 40 años de la fundación de la Diócesis de San Marcos de Arica.
Por su parte, la Cruz del Calvario fue una obra impulsada y realizada por la Parroquia San Miguel Arcángel de Azapa y sus comunidades, y había sido inaugurada durante la peregrinación de los decanatos. De esta manera, ambos signos se suman a la memoria de este aniversario como expresión de la fe, la gratitud y el compromiso de una Iglesia que continúa caminando unida.
Un año para hacer memoria y dar gracias
Con esta celebración, la Diócesis puso término a un año marcado por distintos encuentros, celebraciones y momentos de acción de gracias. Desde la apertura de este aniversario, pasando por las celebraciones en torno a su santo patrono, San Marcos, los recorridos y encuentros de las comunidades y las diversas actividades desarrolladas durante el año, la Iglesia de Arica fue haciendo memoria de su historia y, al mismo tiempo, mirando hacia el futuro.
Entre los momentos significativos de este camino estuvo también la conmemoración de los 150 años de la Catedral de Fierro, un acontecimiento que permitió recordar la historia y el significado de este templo para la comunidad ariqueña y para la vida de la Iglesia en la ciudad.
Esta celebración se sumó a las distintas iniciativas desarrolladas durante el año, que permitieron poner en valor la memoria, la identidad y la fe que han marcado la historia de la Diócesis y de sus comunidades. Cada encuentro fue una oportunidad para reconocer el camino recorrido, agradecer la presencia de Dios en la historia y fortalecer los vínculos que unen a quienes forman parte de esta Iglesia local.
Los 40 años de la Diócesis se vivieron así no solo como una mirada hacia el pasado, sino también como una oportunidad para reconocer que la historia continúa construyéndose con el aporte de cada comunidad, de quienes sirven en sus parroquias y capillas, de los agentes pastorales, de los jóvenes, de las familias y de todos aquellos que, desde distintos lugares, anuncian y testimonian su fe.
Al concluir su homilía, Mons. Moisés Atisha invitó a la comunidad a decirle al Señor, con sencillez: “Gracias porque nos regalaste este tiempo para ir encontrándonos”, reconociendo que cada etapa de la historia diocesana ha sido una oportunidad para descubrir la presencia de Dios.
“Renovemos nuestra esperanza, renovemos nuestra fe”, fue también su llamado, recordando que, aun en medio de las fragilidades, es Jesús quien anima a su Iglesia y quien continúa contando con cada uno para anunciar el Evangelio.
Así, entre cantos, oración, fraternidad y esperanza, la Diócesis de San Marcos de Arica cerró sus celebraciones de 40 años no como un punto final, sino como una invitación a seguir caminando juntos, con humildad y alegría, al servicio de Dios y de su pueblo.
Un camino que continúa con la mirada puesta en Jesús, agradeciendo la historia recibida, valorando el presente y renovando el compromiso de llevar el anuncio del Evangelio a cada comunidad, a cada valle y a cada lugar donde la vida necesita una palabra de esperanza.




















