Una celebración marcada por la devoción, el acompañamiento pastoral y miles de peregrinos que llegaron hasta Las Peñas para celebrar a la Virgen del Rosario en una fiesta de fe, tradición y fraternidad.
La Quebrada de Livilcar volvió a convertirse en un gran punto de encuentro de fe, alegría y fraternidad con la celebración de la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario de Las Peñas. Durante el fin de semana, miles de peregrinos y numerosas sociedades de bailes religiosos llegaron hasta el santuario para encontrarse con la Virgen y expresar su fe a través de la oración, la música y la danza.
Uno de los momentos centrales se vivió la noche del sábado con la tradicional Misa de Víspera, que reunió a numerosos peregrinos en torno al altar. Mientras avanzaba la celebración, la quebrada se llenaba de cantos, instrumentos, estandartes y coloridos trajes de los bailes religiosos, dando cuenta de una fe que se vive y se expresa comunitariamente. Así, el pueblo peregrino se reunió para celebrar a la Chinita y renovar su confianza en Dios.
Durante la homilía, Mons. Moisés Atisha, Obispo de san Marcos de Arica, invitó a «reconocer en María un signo de la presencia de Dios en medio de la historia». A partir de la Palabra de Dios, destacó que «Dios continúa haciéndose presente y que María sigue siendo un punto de encuentro que, año tras año, convoca a su pueblo hasta esta quebrada».
En este sentido, el santuario de la chinita de Las Peñas fue presentado como una verdadera casa de acogida, donde los peregrinos llegan para sentirse recibidos, escuchados y consolados. La misma quebrada, con su belleza y su entorno, se convierte también en un signo de la creación y del amor de Dios, recordándonos la responsabilidad de cuidar la casa común y de construir comunidades donde todas las personas tengan un lugar.
La celebración fue también una oportunidad para valorar la identidad y riqueza de las sociedades de bailes religiosos. Sus trajes, estandartes, instrumentos, cantos y danzas que expresan una historia de fe transmitida entre generaciones. Por ello, el Obispo llamó a preservar y cuidar la originalidad de esta experiencia: «Que danzas, trajes, cantos, gestos sean únicos y siempre nuevos». Así, cada expresión ofrecida a la Virgen se convierte en oración, gratitud y encuentro con Dios.
Después de la Misa de Víspera, esta expresión de fe continuó durante la noche. Las distintas sociedades de bailes religiosos ofrecieron sus danzas, cantos y música a Nuestra Señora del Rosario de Las Peñas. Cada agrupación, desde su propia tradición e identidad, hizo de su baile una oración, manteniendo viva la alegría de la fiesta y dando testimonio de una fe que se transmite y se comparte entre generaciones.
Una comunidad llamada a vivir la fraternidad
Al día siguiente, la Misa de Clausura, el Obispo, puso el acento en otro aspecto fundamental de la experiencia vivida en el santuario de Las Peñas: la fraternidad.
Durante su homilía, Mons. Moisés invitó a contemplar esta fiesta desde el sueño de Dios para la humanidad, destacando que la fraternidad no surge solamente de compartir un mismo origen, una cultura o una historia. Su fundamento está en la capacidad de escuchar la Palabra de Dios y llevarla a la vida, aprendiendo a reconocernos como hermanos.
Esta realidad se hace especialmente visible en este santuario. Cada año, personas provenientes de distintos lugares, historias y realidades se encuentran en torno a María. También las sociedades de bailes religiosos, con sus diferentes tradiciones y formas de expresar la fe, forman parte de este pueblo que peregrina y celebra unido. En medio de esta diversidad, cada persona y cada agrupación aporta su propia historia, enriqueciendo una experiencia común de fe y encuentro.
En este contexto, María fue presentada como modelo de quien escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica. Su casa se convierte así en un lugar donde no solo se conserva una tradición, sino donde los peregrinos están llamados a renovar su encuentro con Dios y a llevarlo consigo al regresar a sus hogares y comunidades.
Por eso, la oración vivida ante la imagen de la chinita de Las Peñas no termina al abandonar el santuario. La fe expresada en el canto, la danza y la celebración está llamada a continuar en la vida cotidiana: en la manera de relacionarse con los demás, de acompañar a quien necesita ayuda, de tender una mano y de construir comunidades donde nadie quede fuera.
Desde esta experiencia, la invitación fue a seguir caminando juntos, poniendo a Dios en el centro y dejando que María continúe guiando a su pueblo hacia una fe alegre, comprometida y fraterna.
Una fiesta acompañada por el servicio
Durante toda la celebración, la experiencia de los peregrinos estuvo acompañada también por diversos servicios pastorales y de apoyo. Religiosas de la Misericordia estuvieron presentes durante la fiesta, acogiendo y acompañando a quienes llegaban hasta el santuario. Asimismo, sacerdotes estuvieron disponibles para administrar el sacramento de la Reconciliación, ofreciendo a los peregrinos un espacio de encuentro con la misericordia de Dios y de renovación espiritual.
Este servicio pastoral permitió que la celebración no se limitara a las expresiones externas de la fiesta, sino que ofreciera también espacios de oración, escucha, acompañamiento y encuentro personal con el Señor.
La celebración de la Virgen del Rosario de Las Peñas es posible gracias al esfuerzo y compromiso de muchas personas e instituciones que, desde sus distintas responsabilidades, colaboran para que miles de peregrinos puedan vivir esta experiencia de fe con seguridad y tranquilidad. Por ello, la Diócesis de San Marcos de Arica agradece especialmente a los alféreces y a las sociedades de bailes religiosos, por su compromiso y dedicación; a Carabineros de Chile, por su permanente labor de resguardo y seguridad; a los equipos de la posta y de atención de salud; a la Municipalidad de Arica; a la Delegación Presidencial; a los medios de comunicación y a todas las instituciones, organizaciones, voluntarios y personas que aportan de distintas maneras al desarrollo de esta celebración.
A todos ellos, nuestro reconocimiento y gratitud por ayudar a hacer posible esta fiesta de fe, tradición y encuentro.
Una despedida marcada por la gratitud
Después de la Misa de Clausura, se vivió un último momento de encuentro antes del regreso de los peregrinos. Las distintas sociedades de bailes religiosos permanecieron en la quebrada para despedirse de la Virgen y agradecer por la fiesta compartida.
Nuevamente se escucharon los instrumentos, los cantos y las voces de los peregrinos, mientras los bailarines ofrecían sus últimos pasos ante la Virgen. En ese ambiente de alegría y fraternidad, la despedida se transformó también en una oración de acción de gracias por el encuentro vivido y por la fe que los une.
Antes de emprender el regreso, peregrinos y bailarines permanecieron junto a María, prolongando por unos momentos más esa experiencia de encuentro. La quebrada de Livilcar quedó, así como testigo de una fiesta en la que la música, la danza y la oración se entrelazaron para expresar una misma fe.
De esta manera concluyó una nueva celebración de Nuestra Señora del Rosario de Las Peñas, marcada por la fe, la tradición, la alegría y la fraternidad. Una experiencia que invita a cada peregrino a regresar a su vida cotidiana con el deseo de escuchar a Dios, caminar junto a los demás, cuidar la riqueza de nuestras tradiciones y hacer de cada gesto de fe una expresión viva de amor y fraternidad.
Fuente: Comunicaciones Arica
Arica, 06-10-2026




















