Durante el fin de semana largo, entre el 6 y el 8 de diciembre, numerosos fieles de nuestra diócesis y de localidades cercanas peregrinaron hasta el Santuario de Las Peñas para honrar a la Inmaculada Concepción. Esta fiesta, tan querida por el pueblo ariqueño, volvió a ser un momento de profunda oración, gratitud y renovación del encuentro con María, Madre y modelo de nuestra fe.
Como cada año, la “Fiesta Menor” de la Virgen del Rosario de Las Peñas convocó a adultos, jóvenes y niños, quienes caminaron movidos por la esperanza y el deseo de ponerse bajo la protección de la Virgen. Para muchos, este camino constituye un gesto de amor que se renueva año tras año, un compromiso espiritual que fortalece el corazón y anima a seguir adelante en medio de las dificultades.
La presencia de los bailes religiosos, con sus trajes, cantos y danzas tradicionales, dio un marco de belleza y devoción a la celebración. Sus integrantes, con profundo respeto y fervor, ofrecieron a la “Chinita de Las Peñas” sus promesas, súplicas y agradecimientos, elevando una plegaria hecha movimiento y color que conmovió a todos los presentes.
En la Misa de vísperas, celebrada en el Santuario, Monseñor Moisés Atisha invitó a los peregrinos a contemplar a María como aquella que cada diciembre nos convoca con amor de Madre. Recordó que todos llegamos hasta su presencia con sueños, plegarias y acciones de gracias por los dones recibidos, confiando en su intercesión maternal.
Monseñor destacó que Dios se comunica con sus hijos por medio de signos y también a través del diálogo interior. A la luz de las lecturas, presentó dos diálogos muy distintos: uno marcado por el miedo y la muerte, y otro por la confianza y la vida. Invitó a cada peregrino a preguntarse qué tipo de diálogo está teniendo hoy con Dios.
En este contexto, recordó que estamos viviendo los últimos días del Año Jubilar, en el que fuimos invitados a ser Peregrinos de Esperanza. Esa esperanza, dijo, solo puede brotar de un corazón que, como el de María, vive en obediencia libre al plan de Dios, dejando atrás mezquindades y egoísmos para abrazar con alegría la voluntad del Señor.
Monseñor Moisés resumió esta invitación espiritual en tres actitudes que nos llaman a vivir marianamente:
• Escuchar la palabra de Dios en la Escritura y en la historia.
• Orar, no solo en el Santuario, sino también en cada comunidad eclesial.
• Hacer el querer de Dios, tanto en el Santuario como en la vida cotidiana.
Al finalizar, animó a los fieles a dar gracias por estar allí reunidos y a pedir la fuerza necesaria para seguir peregrinando un año más, bajo la bendición del Señor y el amparo amoroso de la Virgen.
Una expresión de fe que permanece viva
La gran participación de la comunidad evidenció una vez más cuánto significado tiene esta festividad para nuestro pueblo. Fue un tiempo propicio para que cada peregrino presentara sus intenciones, agradeciera los favores recibidos y pusiera en manos de María la vida de sus familias.
Aunque esta fiesta es considerada la versión “chica” de la gran celebración de octubre, conserva toda su profundidad y valor. Es un espacio de encuentro fraterno, de silencio interior y de fe compartida, que fortalece los lazos que nos unen como Iglesia diocesana.
Que la Virgen del Rosario de Las Peñas siga acompañando nuestro caminar y enseñándonos, como Madre, a vivir con fe, sencillez y esperanza.
Fuente: Comunicaciones Arica
Arica, 09-12-2025















