Jóvenes de la Diócesis de San Marcos de Arica vivieron un retiro de encuentro con Dios

“No salgan a trabajar por Jesús. Salgan a trabajar con Jesús” fue una de las invitaciones que resonó con fuerza durante el retiro de la Pastoral Juvenil de la Diócesis de San Marcos de Arica, que reunió a 58 jóvenes durante tres días de encuentro, oración, fraternidad y profunda cercanía con Dios.

Desde el viernes 07 hasta el domingo 09 de agosto, jóvenes invitados a participar del Retiro de Coordinadores y Asesores de comunidades juveniles se reunieron en la Casa de Emaús, ubicada en San Miguel de Azapa, para vivir un espacio de encuentro, oración, formación y renovación de la fe.

El retiro fue animado y acompañado por el Padre José Pablo Valencia, de la Diócesis de Valparaíso, conocido cariñosamente como el “Padre Jota”, quien estuvo a cargo de las reflexiones y momentos formativos, invitando a los jóvenes a profundizar en su encuentro con Cristo y en el llamado a ser discípulos y líderes que anuncian el Evangelio en medio de la realidad cotidiana.

Los jóvenes contaron también con el acompañamiento de su Asesor Diocesano, el Padre Jesús Apiolaza, y de la Hna. Paula Díaz Soto, de la Congregación Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia y parte del Equipo de la Vicaría Pastoral del Obispado, quienes estuvieron presentes durante este espacio de encuentro y renovación de la fe. Asimismo, el equipo de coordinación de la Pastoral Juvenil Diocesana estuvo a cargo del servicio y de la organización logística del retiro, disponiendo con dedicación cada detalle para favorecer un ambiente de acogida, fraternidad, oración y encuentro con el Señor.

El retiro fue una oportunidad para detenerse, dejar por un momento las preocupaciones de cada día y abrir el corazón a la presencia del Señor. A través de momentos de oración, silencio, reflexión, celebración y fraternidad, los participantes pudieron renovar su fe y descubrir nuevamente que Dios camina junto a ellos en cada etapa de sus vidas.

Durante el encuentro también estuvo presente monseñor Moisés Atisha, quien acompaña de manera cercana y constante los encuentros y actividades de la Pastoral Juvenil Diocesana. Con su presencia, anima y motiva a los jóvenes a participar activamente en la vida de la Iglesia, a fortalecer su fe y a descubrir en Cristo una fuente de esperanza y sentido para sus vidas.

“Suban a la barca de su realidad cotidiana”
El retiro concluyó con la celebración de la Eucaristía, presidida por el padre José Pablo Valencia. En su homilía, invitó a los jóvenes a no vivir el retiro como una experiencia aislada, sino como un impulso para regresar a sus comunidades y llevar allí la alegría del Evangelio.

Tomando como referencia el pasaje evangélico de Jesús caminando sobre las aguas, llamó a los jóvenes a “subir a la barca” de su propia realidad: sus parroquias, colegios, liceos, universidades, familias y barrios.

“Al terminar este retiro, el Señor les pide exactamente lo mismo: suban a la barca de su realidad cotidiana y vayan a la otra orilla”, señaló, recordando que la misión juvenil se desarrolla también en las calles y en aquellos lugares donde los jóvenes estudian, viven, trabajan y comparten con otros.

El sacerdote también se refirió a las dificultades que muchas veces pueden hacer sentir que la vida y la misión pastoral son como una barca que avanza contra el viento. Sin embargo, recordó a los jóvenes que “Dios nunca los abandona en la tormenta de sus vidas. Su silencio no es ausencia”.

Con especial cercanía, los invitó a confiar en Jesús frente a sus inseguridades, cansancios y temores, dejando en sus corazones una frase para llevar consigo después del retiro: “Tranquilos, soy yo. No tengan miedo”.

Mantener la mirada puesta en Cristo
Otro de los momentos centrales de la predicación fue la invitación a mantener siempre la mirada puesta en Cristo. El padre José Pablo recordó que Pedro comenzó a hundirse cuando dejó de mirar a Jesús y centró su atención en la fuerza del viento.

En este sentido, animó a los jóvenes a no permitir que las dificultades, la falta de recursos, las incomprensiones o los desafíos de la sociedad sean los que definan su camino de fe. Por el contrario, los llamó a mantener la confianza en el Señor y a recordar que es Cristo quien sostiene y orienta la misión.

“Rebeldes, rupturistas y revolucionarios”
En otro momento de su predicación, el padre José Pablo invitó a los jóvenes a asumir con valentía el desafío de ser “rebeldes, rupturistas y revolucionarios”, no desde la violencia ni la confrontación, sino desde el Evangelio y el deseo de transformar aquellas realidades que atentan contra la dignidad y la vida.

“Sean rebeldes contra el desamor, contra la injusticia, contra todo aquello que no es de Dios”, fue la invitación dirigida a los jóvenes, animándolos a no permanecer indiferentes frente a las situaciones que viven en sus familias, comunidades, colegios, universidades y barrios.

Ser rebeldes, explicó, significa no acostumbrarse al mal ni aceptar como normal aquello que hiere, excluye o destruye; ser rupturistas, atreverse a romper con aquellas lógicas que alejan del Evangelio; y ser revolucionarios, dejar que el amor de Cristo transforme primero el propio corazón para luego transformar la realidad que los rodea.

Esta invitación se convirtió así en un llamado a vivir una juventud comprometida, capaz de mirar su realidad con los ojos de Jesús y de responder con valentía allí donde más se necesita esperanza, fraternidad, justicia y amor.

Finalmente, el padre José Pablo dejó una invitación que resume el espíritu de este encuentro y el desafío que los jóvenes tienen por delante:
“No salgan a trabajar por Jesús. Salgan a trabajar con Jesús”.
Porque, como señaló el sacerdote, cuando Cristo ocupa el centro de la vida, de los estudios, de las familias y de los grupos pastorales, los jóvenes pueden transformarse en verdaderos “faros de esperanza” para tantos otros que hoy necesitan encontrar una luz.

El retiro concluyó con el corazón renovado y con la alegría de saberse acompañados por una comunidad que confía en ellos. Los 58 jóvenes regresaron a sus realidades con el desafío de llevar consigo lo vivido durante estos días y, sobre todo, con la certeza de que el encuentro con Dios no termina al salir del retiro: continúa en la vida cotidiana, en cada comunidad y en cada lugar donde Jesús los envía.

Fuente: Comunicaciones Obispado de Arica
Arica, 12-08-2026