En el marco de la tradicional Peregrinación Diocesana al Santuario de Schoenstatt de
Arica, realizada cada 15 de agosto en la Fiesta de la Asunción de la Virgen, religiosas y
religiosos de la Diócesis de San Marcos de Arica compartieron su testimonio sobre el
verdadero significado de la vida consagrada.
Cada 15 de agosto, junto con la Fiesta de la Asunción de la Virgen María, la Iglesia en
Chile celebra también el Día de la Vida Religiosa Femenina. Como cada año, hace más
de dos décadas, la Familia de Schoenstatt organizó junto a la Diócesis de San Marcos
de Arica una peregrinación al Santuario de Schoenstatt de Arica, ocasión en que
religiosas y religiosos se reunieron para dar gracias por su vocación y compartir su
testimonio, invitando a toda la comunidad diocesana a comprender qué significa, en lo
profundo, la vida consagrada.
Un mensaje de gratitud y bendición
Al respecto, Monseñor Moisés Atisha Contreras, Obispo de la Diócesis de San Marcos
de Arica, señaló: “cada 15 de agosto, celebramos la Asunción de la Virgen, fiesta que
en Chile, junto con ser mariana, es también el día para celebrar la vida religiosa
femenina. Quisiera desear a todas las hermanas de la Diócesis que tengan una muy
bonita jornada, que a ejemplo de la Virgen cultiven siempre un corazón abierto a
escuchar a Dios y a querer hacer su voluntad”.
Asimismo, el Obispo agregó que “el ejercicio de la libertad sea el de entregar siempre
al otro lo que Dios quiere hacer y realizar a través de ustedes. Que tengan un alma
fecunda, que ayude y acompañe la vida de los hermanos, para que ellos crezcan y se
encuentren con el Señor, y que la actitud de vivir con transparencia, con sencillez y con
pureza de corazón se traduzca también en la capacidad de ayudar a otros a encontrar
la riqueza del Evangelio”.
Finalmente, expresó su gratitud hacia las religiosas de la Diócesis: “Que el Señor las
acompañe. Les agradezco la presencia de cada una de ustedes en medio nuestro, que
nos sigan invitando a la radicalidad del Evangelio y a vivir como el Señor nos quiere”.
Un tesoro que se entrega por completo
En esta misma línea, la Hermana Gloria Guerrero Vallejos, Consagrada del Sagrado
Corazón de Jesús, explicó qué significa para ella la vida consagrada: “es una entrega
total al Señor; es como haber descubierto el tesoro y haber vendido todo para
entregárselo a Él”.
La religiosa comentó que su vocación se fue forjando “compartiendo la vida con la
gente, descubriendo lo que las personas necesitaban, compartiendo mi vida en
comunidad, y dándome cuenta también de las necesidades que había en el mundo, y
especialmente de la injusticia”.
Traer un poco de cielo a la tierra
Por su parte, Fray René Pesenti, sacerdote franciscano, señaló que celebraciones
como esta buscan “traer un poquito de cielo a la tierra y elevar un poco la humanidad al
cielo; ese es el testimonio de la vida religiosa”. Agregó que quienes se consagran
“están comprometidos también con lo terrenal para llevar nuestra humanidad al cielo”.
El religioso enfatizó que la consagración no aleja del mundo, sino todo lo contrario:
“una persona que se consagra a Dios no se aleja del mundo, sino que el mundo es
justamente su claustro, su entrega, su apostolado, lo que nos exige vivir las
bienaventuranzas”. Asimismo, sostuvo que “mi consagración me hace feliz, me hace
libre para servir a Dios y a la humanidad desde mi estado de vida”, y añadió que “la
Iglesia nos pide que mostremos la gran esperanza eterna, como si ya estuviéramos
viviendo en el cielo”.
“Primero, que no tengan miedo de seguir a Jesús, que es la meta que todos debemos
alcanzar, y que no tengamos miedo de seguirlo en el servicio a tantas personas que lo
necesitan: en el pobre, en el niño, en el enfermo. Allí encontramos ese rostro palpable
de la misericordia de Dios, que nos invita siempre a servirle con amor y entrega”,
concluyó la Hermana Amanda Gómez García, de la Congregación Hermanitas de los
Pobres de Maiquetía.
Con estos testimonios, la Diócesis de San Marcos de Arica reafirma su gratitud hacia la
vida consagrada presente en el territorio, e invita a la comunidad a acoger, en este Día
de la Vida Religiosa Femenina, el llamado a vivir con radicalidad evangélica y entrega
generosa al servicio de los demás.







