Con cantos, bailes religiosos y oración, fieles de distintas comunidades se congregaron entre el 9 y el 11 de octubre en la Parroquia Santa Cruz para celebrar la Octava de la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario de Las Peñas. La celebración permitió a numerosos devotos renovar su fe y expresar su cariño a la Virgen, especialmente a quienes no pudieron peregrinar hasta el santuario de Livílcar.
La devoción a Nuestra Señora del Rosario de Las Peñas continuó en la ciudad de Arica con la celebración de la Octava de la Fiesta, una tradición que prolonga la alegría del encuentro vivido en el santuario de Livílcar y ofrece a los fieles una nueva oportunidad para reunirse en torno a la Chinita. Durante los días 9, 10 y 11 de octubre, la parroquia Santa Cruz acogió a familias, peregrinos y devotos que llegaron desde distintos sectores de la ciudad para honrar a la Madre de Dios.
La celebración adquirió un significado especial para quienes, por diversos motivos, no pudieron llegar hasta el Santuario durante la fiesta principal. En este encuentro, encontraron un espacio para acercarse a la Virgen, agradecer los dones recibidos, confiarle sus preocupaciones y presentar sus peticiones, con la esperanza de sentirse acompañados por su maternal intercesión.
Las jornadas comenzaron la tarde del viernes 9 de octubre con la Eucaristía de inicio y continuaron con diversas expresiones de fe, entre ellas los cantos, las oraciones y la danza de los bailes religiosos. En total, 15 agrupaciones pertenecientes a la Asociación de Sociedades Religiosas Virgen de Las Peñas, Fiesta de Octubre, participaron con sus coloridos trajes y coreografías, dando testimonio de una devoción que se expresa con alegría y se transmite de generación en generación.
Cada baile, canto y oración reflejó el profundo vínculo de los devotos con la Chinita de Las Peñas. En estas expresiones de religiosidad popular se entrelazan las promesas, las historias familiares y las experiencias de tantas personas que encuentran en María consuelo, fortaleza y esperanza para continuar su camino de fe.
De esta manera, la parroquia Santa Cruz se convirtió en un lugar de encuentro y fraternidad, donde la tradición de los bailes religiosos se unió a la oración de la comunidad y al agradecimiento por la presencia de la Virgen en la vida de sus hijos.
Con la celebración de esta Octava, la comunidad ariqueña renovó una vez más su amor y devoción a Nuestra Señora del Rosario de Las Peñas. Una expresión de fe que, más allá de los días de fiesta, permanece viva en el corazón de los peregrinos y recuerda que María acompaña a su pueblo, acoge sus esperanzas y lo conduce siempre al encuentro con Jesús.














