Con una Eucaristía presidida por Mons. Moisés Atisha, Obispo de Arica, la comunidad parroquial dio gracias a Dios por su historia y renovó su compromiso de seguir anunciando el Evangelio, inspirada en el ejemplo de María y llamada a ser una Iglesia que ora, escucha y sirve.
El 8 de octubre, la Parroquia Virgen de Las Peñas celebró 59 años de vida pastoral con una jornada marcada por la fe, la gratitud y la fraternidad. La comunidad se reunió para dar gracias a Dios por el camino recorrido, recordar a quienes han contribuido a su historia y renovar su compromiso de seguir anunciando el Evangelio y sirviendo a los demás.
La celebración congregó a fieles de distintos sectores, agentes pastorales, autoridades civiles, alféreces, sacerdotes, religiosas y diáconos de la Diócesis, quienes se unieron en torno a la Eucaristía para compartir la alegría de este nuevo aniversario.
La Santa Misa fue presidida por Mons. Moisés Atisha, Obispo de Arica, quien invitó a la comunidad a vivir este aniversario desde la memoria agradecida, reconociendo la presencia de Dios a lo largo de su historia y el testimonio de tantas personas que han contribuido a construir su vida pastoral.
“Hoy hacemos memoria agradecida de la obra de Dios en medio nuestro. Miramos el camino recorrido, agradecemos a quienes nos precedieron, reconocemos la presencia del Señor en nuestra historia y renovamos el compromiso de seguir anunciándolo”.
Una comunidad que ora, escucha y sirve
A partir del ejemplo de María, Mons. Moisés Atisha centró su reflexión en los pilares que dan vida a una comunidad cristiana: la oración, la escucha de la Palabra de Dios y la disponibilidad para servir. Estas actitudes, señaló, permiten acoger la voluntad del Señor y disponerse a salir al encuentro de los demás.
“Una comunidad cristiana tiene que escuchar, orar, acoger la voluntad de Dios, servir y salir al encuentro de los demás”.
En esta línea, recordó que la misión de una parroquia va más allá de la celebración de los sacramentos y de las múltiples actividades pastorales. Está llamada a ser una comunidad viva, que persevera en la oración, aprende a caminar unida y confía en la acción del Espíritu Santo.
“Una parroquia no puede ser solamente un lugar en donde se celebran los sacramentos o donde se realizan un sinfín de actividades. Es una comunidad que persevera en la oración, que aprende a caminar unida, que escucha la Palabra de Dios y que espera con confianza la acción del Espíritu Santo”.
En la perspectiva de los 60 años de vida parroquial, el obispo invitó a los presentes a revisar cómo se vive la fe en comunidad, poniendo especial atención en la oración mutua y en el acompañamiento de quienes atraviesan situaciones de sufrimiento o necesitan mayor cercanía.
“¿Rezamos unos por otros? ¿Rezamos por los sacerdotes, por las familias, por los pobres, por los niños, los enfermos o por quienes sufren? ¿Nos regalamos tiempo para escuchar a Dios?”.
Estas preguntas plantearon un desafío para el camino que la parroquia continúa recorriendo: fortalecer la comunión y hacer de la comunidad un espacio donde cada persona encuentre acogida, escucha y acompañamiento.
María, modelo de confianza y disponibilidad
La figura de María también ocupó un lugar central en la homilía, como modelo de confianza y disponibilidad ante la llamada de Dios. Al recordar sus palabras: “Hágase en mí según tu palabra”, monseñor Atisha destacó que María, aun sin conocer plenamente el camino que tendría por delante, respondió con generosidad y se puso al servicio del Señor.
“Dios no nos pide que tengamos todo resuelto; nos pide disponibilidad”.
Desde este ejemplo, el obispo animó a la comunidad a afrontar con esperanza los desafíos actuales de la Iglesia, especialmente la transmisión de la fe a las nuevas generaciones y el acompañamiento de quienes viven situaciones de soledad, pobreza o dificultad.
Asimismo, insistió en la importancia de no quedarse encerrados en la propia realidad parroquial, sino de salir al encuentro de los demás, llevando a la vida cotidiana la alegría de haber encontrado a Cristo.
“Una comunidad cristiana auténtica es la que sale después de haber encontrado al Señor, de haber celebrado al Señor, y sale al encuentro de los demás”.
Este llamado misionero supone reconocer que cada persona tiene un lugar en la Iglesia y que todos los bautizados están llamados a descubrir y poner sus dones al servicio de la comunidad. En este sentido, Monseñor Atisha recordó las palabras del Papa Francisco, quien ha insistido en que en la Iglesia hay lugar para todos: “Nadie sobra en la Iglesia. En la Iglesia: caben todos, todos, todos”.
Al concluir su reflexión, Mons. Moisés Atisha encomendó a María el caminar de la comunidad parroquial, invitándola a seguir reconociéndola como madre y guía en su camino de fe: “Que María, la Madre de Jesús y de la Iglesia, nos termine siempre mostrando y llevando a su Hijo”.
Una historia que se proyecta hacia el futuro
Tras la celebración eucarística, los asistentes compartieron un momento de encuentro fraterno, en un ambiente sencillo y familiar que permitió prolongar la alegría del aniversario y fortalecer los lazos de cercanía entre quienes forman parte de la comunidad parroquial.
La conmemoración de estos 59 años fue una oportunidad para agradecer la historia compartida y, al mismo tiempo, renovar la esperanza ante el camino que queda por recorrer. De cara a sus seis décadas de vida pastoral, la parroquia está llamada a seguir creciendo como una comunidad que ora, escucha la Palabra, sirve y sale al encuentro de quienes más necesitan experimentar la cercanía de la Iglesia.
De esta manera, la Parroquia Virgen de Las Peñas celebró un nuevo aniversario con gratitud por el camino recorrido y renovado entusiasmo por la misión que tiene por delante: continuar anunciando a Jesús, fortaleciendo la vida comunitaria y haciendo presente el amor de Dios en medio de su pueblo.



















